Posteado por: julibcn | 19 abril, 2011

Chinismos y Chinadas

La definición de “chinismo” o “chinada” es algo poco tangible. Digamos que es lo que Elena y yo usamos (gracias a nuestro amigo Luis de Beijing, aunque sea de Salamanca) para etiquetar las cosas extrañas que hacen los chinos en China. Suelen ser cosas un tanto estrambóticas para nosotros, quizás por algo cultural.

Las primeras chinadas que hemos tenido que soportar han sido con el primer piso. Tenemos un piso para el primer mes, pero nos han dejado algunas sorpresas. Literalmente, el dueño nos dejó sus dos gatos y su perro en casa. ¡Ojo! Estamos pagando 500 pavos por un mes, ¿eh? Es que no le había dado tiempo a buscarles otro sitio. Además, nos dijo que en la segunda habitación iba a dejar, temporalmente, algunos libros y DVDs, pero que no molestarían para que un invitado pudiese dormir en ese cuarto y tal. ¡Pues ya me diréis cómo! Me costó abrir la puerta, y el colchón estaba a dos metros de altura sobre 1001 cajas y maletas. Eso sí, 100o DVDs y no nos deja ni un puto lector; ni sábanas para la primera noche, ni toallas, ni nada útil. Al menos, nos dejó dos tazas para beber, solamente dos. Al menos, el pobre nos ha ayudado a establecernos y tal.

Otras cosas que nos han sorprendido:

La camas: el primer día me levanté con la espalda tiesa y con un dolor insoportable; y mientras estábamos mirando pisos, observamos que las camas son durísimas. Pero duras con el rabo de un quinceañero en un colegio de curas. Aunque tiene truco: todas las camas chinas tienen por un lado una tabla durísima (que según ellos es mejor para dormir) y otro lado menos duro, porque no puedo decir que sea blando. Total, estamos esperando a ahorrar algo de pasta para comprar una de viscolástica 😉

Precio de las cosas grandes: lógica aplastante cuando vas a comprar. Digamos que una botella de un litro vale 1 euro, y la de dos litros vale 2,30. Y así con todo. Intento buscar alguna razón científica, pero me siguen llevando los demonios. Quizás será que los chinos son pequeñitos, y les gusta las cosas grandes.

Pañales: ¡ese gran desconocido en China! ¿Para qué coño usar algo tan rebuscado como los pañales si se pueden rajar los pantalones y dejar al niño con el culo al aire? El otro día íbamos en el metro y pudimos observar el proceso natural en lugares públicos: una niña de año y medio viajaba con sus padres en el metro y le entraron ganas de mear. El padre la cogió en brazos y la quiso acercar a la puerta para que mease en el andén de la próxima estación, pero no daba tiempo. La madre le instruyó para sacar una bolsa de plástico de la mochila, y, una vez abierta, el padre sujetó la bolsa y la madre enchufó el culo de la niña dentro para que mease, allí sentaditos en el metro lleno de gente. No hice una foto porque pensaba que se iban a ofender, pero…

Tráfico, semáforos y luces: todas las calles son muy grandes, anchas y rectas. Para facilitar bien el tráfico tan pesado de 28 millones de Shanghaineses, está todo señalizado. Pero los semáforos tienen carácteres ocultos, o que aún no sabemos descifrar. Nunca sabes cuando un coche, una moto o incluso un autobús lleno de pasajeros se van a saltar un rojo. ¡Eso sí! Van pitando pare obligarte a apartarte. Y a ellos les funciona, aunque tienes que tener 15 ojos para cruzar una calle y seguir el flujo. En cuanto a las luces de cruce, intuyo que aquí son recomendadas y no obligatorias, porque aunque esté la noche cerrada y hagan una pirula en una avenida principal, no las pone ni Mortadelo.

Ecografías: por un tema socio-cultural (la familia de la mujer es la que paga toda la dote en caso de boda heterosexual) aquí las niñas no son muy bienvenidas. Además, hay muchas más mujeres que hombres. Ha llegado hasta tal punto que ya no dicen, por decreto ley, el sexo del bebé al hacerse una ecografía, porque la mayoría abortaría antes del parto si supiesen que llevan una niña, de las formas más inverosímiles que os podáis imaginar. Por suerte, a los blanquitos sí que les dejan, y nosotros lo sabremos el 11 de Mayo.

China en chino: se dice algo así como “Chun-Guo”. Y efectivamente, es muy ‘chunguo’ 😛

Taxistas: curiosamente, no estafan. ¿Os lo podéis creer? En todo el mundo, los pesetos son lo putísimo peor, pues aquí son medio legales. Además, es tan barato el taxi, que me gasto unos 45 euros al mes en ir al trabajo cada día así. Ir y venir, ¿eh?

Seguiremos con más chinadas mientras vayamos descubriéndolas.

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